Minuto 91 - Todo el Futbol de Tandil y la región

Ferro campeón. Ellos vinieron a ofrecer su corazón…

Sobre sentimientos, alegrías, entregas, distancias y otras yerbas personales…

12/23/2011 | 08:40 | -


Aclaración Introductoria: Amigos de Minuto 91, el domingo les prometí unas palabras sobre el último campeón del fútbol serrano. Y como empeñar la palabra es igual a deuda, acá se las dejo.

Estas líneas fueron escritas varios meses antes de esta consagración.  Es más, fueron garabateadas  para el cumple número noventa y uno  (6 de Junio de 2010) de la institución por la que me introduje en estas nuevas letras. Pero como nunca vieron la luz en los medios de comunicación es que decidí rescatarlas. Lamentablemente para ellas, eso sí, y digo esto porque para que poseyeran la actualidad necesaria tuve que achurarlas y añadirles otras emociones y otras sensaciones. Igual, debo confesar, se me puso brava la mano. Y fue así porque no sabía cómo expresar mis sentimientos. No me daba maña para trazar en el papel todo lo que me pasa por la mente, corazón y venas. Y cómo no creo ser capaz de expresarme con más soltura, les convido con lo que salió.

 

Ah, me olvidaba. Vale la pena esclarecer que estos vocablos fueron expulsados desde las vísceras del hincha. Por eso les advierto a los “intelectuales” y a los “pinochos” que gobernaron el club desde 2003 a 2007 que desistan de leerlas, ya que nada les va dejar. Estas palabras son de sentimientos genuinos, y de eso ustedes no saben nada, nadita.

 

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 En el año 1995 el gran escritor Osvaldo Soriano vivía en Francia, y allí, y por teléfono, se anoticiaba de que su San Lorenzo de Almagro se coronaba campeón del fútbol argentino. Escribió entonces una emotiva nota para el diario La Nación, que salió publicada el 27 de julio de ese año, bajo el título “Festejos”.

Sé que muchos se estarán preguntando a que se debe esta introducción, y algunos otros, futboleros ellos, estarán encaminados hacia lo que apunto. Para unos y otros, aquí va la asociación y mis sentimientos.

Yo, amigo lector, hoy  14 de diciembre de 2011 siendo las 23:50 horas me siento como el gran Soriano (No, lamentablemente para mí, no me parezco en como escribo, eso sería compararme con Gardel, con Lennon, con Maradona o con Charles Chaplín y ese talento no lo poseo, a la repartija llegué tarde), hoy me parezco a él, porque mi equipo es campeón y encima los colores son los mismos.

Y aunque ya no esté lejos en cuanto a kilómetros se refiere, ya que mi propio “exilio” marplatense terminó en febrero de este año, también me siento igual  que Soriano porque estoy a gran distancia de la vida activa de la institución, aunque eso no me impide seguir siendo hincha.

Sigo sintiendo que lo vivo a la distancia y por teléfono (como cuando a través de Diego Jurrita, entre otros, me iba enterando los resultados de los partidos de Ferro Carril Sud) y encerrado en un cuartito de veinte metros cuadrados.

Y esa soledad me sigue equiparando con el gran Gordo y me pregunto: ¿Cómo festejo el título? ¿Con quién lo comparto? ¿Qué hago? ¿Dejo a medias lo que estoy escribiendo y me voy a tomar una cerveza al centro?

Mientras pienso todo esto, estoy llorando y los sentimientos se mezclan, y eso, la pucha digo, es peligroso, porque corro el riesgo permanente de que mi memoria (que siempre está activa) me lleve a hablar más sobre la leyenda y de lo que pasó institucionalmente con mi amado tricolor que del logro deportico en sí, pero bue, una y otra van de la mano y hay que asumirlo, en estos momentos no se puede mirar para otro lado y más que nunca tenemos que aprender de la historia para no equivocarnos como en el pasado y proyectar un futuro con más gloria, la misma que soñaron los fundadores en 1919 y la misma que nunca debimos perder.

Y mientras escribo estos párrafos, encesto en el tacho de basura el nonagésimo pañuelito descartable empapado en lágrimas provocadas por la alegría que me dieron un grupo de muchachos, y algunas de esas  partículas de agua también son por la lejanía (ideológica) de ese, mi otro lugar en el mundo.

 

Y la recontra pucha digo, me estoy yendo por las ramitas, ya que poco he dicho de lo que consiguieron los pibes del Amarillo. De nuevo el “ángel” del gordo Soriano se cuela en  mi y vuelvo a llorar, y grito, y revoleo una vieja remera tricolor pero solo…la cosa es que, si sigo así, corro el riesgo de que los vecinos hagan allanar mi domicilio con la policía, o que una ambulancia me traslade a un loquero, cosa que sería la más justa. Esa es la descripción exacta, para el sentimiento que me invade en estos momentos, estoy loco de contento.

Si, ya sé, varios dirán que eso de loco no es nuevo, ni que es por Ferro, pero hoy no me importa. Al fin, el viejo dicho tiene razón, cada loco con su tema. Entonces sigo gritando y cantando ¡Dale campeón, dale campeón…! Y luego añado bien desde adentro de las tripas un ¡Y el tricolor…! ¡Y el tricolor…! ¡Y el tricolor…!

 

Son las cero horas y un minuto del día posterior al de la coronación que esperó diez largos años. Lo que también tardará en pasar será mi propia tontera, la que provoca el alcohol, estoy en curda, ¡sí!, y con champagne importado, que encima, ya lo sabe, ingerí en la más absoluta soledad. Sabrán entonces perdonar mi imparcialidad acérrima para con estas líneas.

Y antes que la cordura se aleje del todo de estos sesenta y pico de kilos, quiero agradecerles a los corajudos muchachos, léase jugadores (que despreciados y maltratados en otras oportunidades) se  jugaron y siguieron queriendo vestir la casaca para alcanzar la gloria más sublime y soñada, la vuelta olímpica.

Gracias pues a los Arozarena (Alberto y Gustavo), el primero fue el que armó el proyecto que ahora lidera Oscar López, y el segundo capitaneando desde el verde césped con mucho de eso que llamamos coraje y regándolo de sudor. Y me quiero detener un segundo más en el Diente, en Alberto, que también sufrió, y que también fue despreciado y maltratado, y extorsionado e injuriado…y todos los “ados” que se imaginen. Pero él, bien sabemos, es de Ferro y en parte también le pertenece este festejo. Arozarena padre se habrá abrazado con el recuerdo de su tío Felipe Simino y con don Pancho Zeberio, que es decir se abrazó con la historia de Ferro, de la que  él ya es parte. Encima se quedó con la camiseta número “5” de su hijo “el Muela”, la misma que abrió el camino a la consagración final con un derechazo tremendo, el que provocó la primera explosión de mi corazón.

 

No me quiero olvidar de los otros  “players”, esos soldados estoicos de esta patriada futbolera que son los únicos que sostienen la tradición ferrocarrilera. Porque Ferro es fútbol y Biblioteca, por más que ahora otras disciplinas se hayan “apropiado” del club con el aval de los falsificadores de firmas “pinochescos” que dirigieron a la institución hace un tiempo y que ahora se dedican a amenazar e injuriar por mail con nombres falsos como Lamota y Cattonni y hasta se dan el lujo de telefonear y hacer ruidos para amedrentar a los que los denunciamos en su momento.

Decía. Gracias a Federico Irureta por seguir con la estirpe de los Ijurco, Burtovoy, Nocito y de José Díaz. A Fede Cadona por ser tan tricolor como Daniel González y el Ñato Varales, a Damián Villar por recordarme a Oscar Perandones. Gracias también a los hermanos  Candia (Leandro y Daniel). A  Manu López (por los huevos para soportar tantas lesiones). A Martín Ribas que se retiró a mediados de año ya con media vuelta en el bolsillo. Mi abrazo alcanza también a Emiliano Aranda, que se bancó muchas, como por ejemplo quedar fuera del Argentino C del 2006 por ineptitud extrema de la dirigencia de entonces; y al “Emi” yo lo vi llorar con lágrimas gruesas. A Pedro Etchegaray,  Franco Reynoso y  Julián Villalba que los veía desde que eran “así” de chiquititos jugando en las infantiles y menores. A Facundo Franco, Marcos Aberastegui , Matías Southwell, Juan Iglesias, Gabriel Durruty, Juan Sánchez, David García, César Arrúa Pesoa,  Rodrigo García, Emanuel Villegas que siguen el legado de los Sarasola, Ekerot, Forgue, Casero, Martens, Elizari, Chamberlain, Benéitez, Aristain, Uez, Inchausti, Frascaroli, Sasiain, Pisani (Pato) , González (Hormiga) y el propio Dámaso Latasa.

Y me faltó decir algo del “Amarillo” Oscar López y su cuerpo técnico. Mi reconocimiento también los incluye. Gracias a Eduardo Díaz y Ángel Porfilio, al profe Lucas Rodríguez y al entrenador de arqueros Edgardo Arnaudo. Ustedes, sépanlo, tienen mi admiración y respeto. El mismo que les tiene todo el ambiente. Encima están ahí. Grabados a fuego en la historia tricolor.

 Y pido perdón a todos los apellidos no escritos, a los de ahora y a los de antes, perdón por olvidarlos en estas líneas. Pero tengo una explicación valedera, las lágrimas no secadas, cayeron en las hojas con los nombres de todos ustedes y se confunden en una gran mancha azul y no los puedo visualizar.

 Y en esa mancha de tinta que se sigue esparciendo y haciendo más grande los veo a ustedes, y lo digo porque se fusionaron en pos de un objetivo y no les importó las críticas y lo político del club, no les importó los insultos (propios y ajenos), por eso asocio esa mácula con ustedes, porque se siguen uniendo y  transpiran tanto la camiseta que mezclan los tres colores que identifican a todo el Barrio de la Estación. Encima (sinceramente) los “envidio”, porque ustedes se dieron el gusto que yo no pude, vestir el azul, rojo y blanco y encima hasta lo sacaron campeón. Y eso me hace emocionar más, me hace llorar más y me hace distinguirlos menos. Perdón de nuevo.

No sé cómo seguir escribiendo y por ende, tampoco sé como concluir. ¡Ferro campeón! Ferro todavía está vivo a pesar de esos que lo robaron, y yo sigo borracho (de las dos, de alegría y de alcohol)

Ahora, pasadas las 2 de la madrugada ya estoy en la calle, y sigo gritando por Ferro. La gente me mira raro, miran raro al periodista que saben que soy, pero que ahora tiene puesta una vieja y gastada camiseta blanca con el escudo tricolor en el pecho, que fue campeona en 1978, y que es tan linda como esta de 2011.

La gente me mira raro y me escuchan igual, yo voy gritando como lo hizo el gordo Soriano en Francia: ¡Abran cancha carajo, aquí va caminando un orgulloso Tricolor!

 

Y…¡Salute familia Ferrocarrilera! Otro trago de champán se fue al buche. Ferro se lo merece, estos muchachos se lo merecen (los que trabajan por su bienestar, no los que lo quieren saquear), y yo les doy las gracias por tratar de mantener la historia con latidos. Latidos que, Dios y la Justicia (de la que lamentablemente descreo) quieran se extiendan por cien años más. Latidos que los verdaderos hinchas tenemos que tratar de seguir sosteniendo, pero sin dejar que nos vuelvan a ROBAR, sin dejar que se vuelvan a FRAGUAR ELECCIONES FALSIFICANDO FIRMAS. No dejemos que los ladrones vuelvan al club, no dejemos que los ladrones sigan estando, no dejemos que los que llevaron a la institución a ser intervenida sigan ocupando cargos y sentándose en las mesas de los aniversarios como si nada. Pero claro está, yo no soy “políticamente correcto” y por eso festejo en soledad.

Me estoy despidiendo, no sin antes volver a agradecer al cuerpo técnico y a los jugadores, ellos al igual que Fito Páez cantaron: “Quien dijo que todo está perdido. Yo vengo a ofrecer mi corazón. Tanta sangre que se llevo el rio. Yo vengo a ofrecer mi corazón. No será tan fácil, ya sé que pasa. No será tan simple como pensaba. Como abrir el pecho y sacar el alma. Una cuchillada del amor…”

Gracias muchachos, gracias por eso. Se los agradeceré toda la vida.

 

 Posdata Braceliana 1: Los señores Romualdo Martínez, Carlos Chamberlain, Juan Cartágenova, Héctor Soúla y Juan Antonio Salceda entre otros grandes y honestos presidentes, están revoleando un enorme trapo tricolor allá en el cielo. Y está bien, ellos lo soñaron y lo hicieron realidad, Ferro es un grande. Y yo les digo, tranquilos señores, Ferro a pesar de los “pinochos” que siguen estando va en camino de seguir sus ejemplos. Quién quiera oír, que oiga. Y al que le quepa el poncho, que se lo ponga.

 

Posdata Braceliana 2: No puedo obviar estos nombres. No puedo no dedicarles unas letras. Con ellos empecé la lucha por un Ferro libre de mentirosos y ladrones pinochos  allá por 2007. Varios de Ellos saben que no estoy de acuerdo con la NO toma de medidas en muchos temas. Y que la falta de ellas hace que muchos sigan sin acercarse o que hayan decidido alejarse. Decía,  a pesar de las diferencias en pensamientos y procederes los sé buena gente. Por eso los muchachos de la Subcomisión de Fútbol merecen algo de crédito por este lauro. Mi abrazo y reconocimiento a Ezequiel Lester , Diego Jurrita,  Alejo Leoz , Carlos Garcia y Germán Vulcano.

  

Posdata Braceliana 3: ¡Feliz Navidad amiga/o tricolor! ¡Y feliz año nuevo!…el camino por un nuevo torneo Federal del fútbol argentino nos reencontrará cara a cara. Reencuentro que tendrá un plus, ya que Leonel Martens cumplirá su palabra, Leo volverá a vestir la tricolor y con ella le dirá adiós a la pelota. Gracias che.

 

Posdata Braceliana 4: Y ya que nombré a uno de los Martens y estamos en eso de los agradecimientos seguiré ese camino. No quiero ni puedo olvidarme del papá de Leonel, de Héctor. Él fue el primero que creyó en lo que decía y el único que bregó incondicionalmente a mí lado para que la verdad viese la luz. Pero a la hora de los bifes quedamos solos, los demás se hicieron vegetarianos. Y bue…cada cual sabe que comida alimenta su conciencia. Reitero mi gratitud don Héctor…y ¡Gracias! Le debo mucho y usted lo sabe.

 

Posdata Braceliana 5:  ¡Perdón, me tengo que ir!, una ambulancia viene en camino, los vecinos no se la aguantaron, yo sigo gritando: ¡Y el tricolor, y el tricolor, y el tricolor!...

 

Hugo Rodríguez

 hugorodriguezprensa@gmail.com  

      

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